El Comercio 26/12/2025
La dirección aún no ha desvelado aspectos claves como el tipo de combustión que se empleará en la nueva instalación
El anuncio de la dirección de Saint-Gobain de la voluntad de arreglar el
próximo año el horno float es, sin duda, una buena noticia para la continuidad
de la fábrica en La Maruca, hasta el punto de que ha ayudado a desbloquear las
negociaciones del convenio colectivo. Como se ha publicado infinidad de veces,
el horno float es un elemento esencial en la fábrica avilesina y, sin él, su
continuidad quedaría en entredicho. De ahí la gravedad del incidente del pasado
verano que ha afectado muy seriamente al equipo que, actualmente, se encuentra,
produciendo por debajo de su capacidad y con una vigilancia intensiva por parte
de los técnicos.
La tecnología de los hornos float provoca que, después de un
tiempo de duración, estos deban ser sustituido por nuevos equipos. En el caso
de Avilés, el horno se encuentra al final de su vida útil y la inversión es
necesaria, salvo que se opte por cerrar la fábrica. Sin embargo, una inversión
de estas características siempre es compleja. Por una parte supone una
importante inversión económica. En el escenario actual, se incorpora una
variable más: la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono.
Saint-Gobain se ha fijado el objetivo de alcanzar en 2050 la neutralidad de sus
actividades industriales, es decir, que estas no emitan gases causantes del
efecto invernadero, con un paso intermedio en el año 2030, donde el objetivo es
alcanzar un 30%. Sin embargo, el camino para alcanzarlo en un horno float no es
sencillo, como ya han reconocido los propios directivos de la multinacional.
De ahí la importancia de aclarar el alcance de la expresión
horno convencional. En el horizonte de la descarbonización de la planta de La
Maruca siempre ha estado la posibilidad de la electrificación y de un horno
híbrido (hidrógeno y elecricidad) pero son soluciones que, en la actualidad, no
son viables técnicamente y más en el volumen y calidad de producción exigida en
Glass. Para hacerse una idea, en la actualidad, en condiciones normales, el
horno de Avilés puede alcanzar una producción de 650 toneladas diarias. El
proyecto Volta, donde participa Saint-Gobain, es el más avanzado del mundo en
la electrificación de un float, se encuentra en una fase industrial con una
tirada de 90 toneladas. Hasta 2028, como mínimo, no se conocerán las
posibilidades de saltar a un volumen mayor.
La clave: la oxicombustión
Sin embargo, los ingenieros de Saint-Gobain disponen de
herramientas que puede resultar fundamental en la encrucijada actual: la
oxicombustión. Actualmente, se utiliza un horno de gas natural, donde el
combustible (el gas natural) se alimentan con el aire existente en la fábrica,
como cualquier cocina de gas, salvando las magnitudes de tamaño. Esa reacción
química es la que produce el dióxido de carbono y otros gases contaminantes que
se quieren eliminar.
La oxicombustión mantiene el uso del gas natural (el
combustible del que se dispone en la actualidad), pero pasa a alimentarse por
oxígeno, lo que reduce las emisiones de dióxido de carbono, incluso hasta la
mitad, según algunos estudios, respecto a un float convencional. Teniendo en
cuenta que el objetivo es alcanzar en 2030 el 30% y el nuevo horno tendría una
vida útil desde 2026-27 (en función de la duración de los trabajos) hasta 2047
dejaría a la fábrica de Avilés en unas condiciones privilegiadas para el
siguiente salto tecnológico: las cero emisiones de 2050.
La opción de la oxicombustión presenta un gran obstáculo: el
aumento de costes. Y es que a la factura del gas, la empresa deberá añadir los
costes del oxígeno, además de los equipos necesarios. La ventaja que ofrece es
que, tecnológicamente, se encuentra plenamente asentada. De hecho, en el citado
proyecto Volta se investiga en un modelo de planta híbrida donde, junto con la
electrificación, se cuenta con oxicombustión para la producción de vidrio.
¿La estrategia de la dirección de la fábrica de Avilés de
ajustar los costes del convenio era una forma de convencer a París de que la
esa segunda factura era asumible? Hoy por hoy, la respuesta sólo la conocen los
altos directivos implicados. Pero es posible acercarse a su mentalidad si
pensamos en diferentes aspectos del universo Saint-Gobain que, en con
frecuencia, se olvidan por muchas personas en la fábrica de La Maruca,
especialmente en los ambientes sindicales.
El primero es que Saint-Gobain es una empresa global. Avilés
es sólo un puntito en su mapa. Y no el más importante en una compañía cuya
dirección mira, sobre todo, hacia Asia y el Pacífico, tal como anunciaron el
pasado mes de octubre cuando se presentó el plan estratégico 2025-2030 llamado
'Lead & Grow'. En ese documento, se expresan sus reticencias hacia la
actividad en Europa, donde toda aquella actividad que no ofrece un margen de su
EBITDA (resultado operativo) entre el 15% y el 18% y un retorno de sobre el
capital empleado (ROCE; por sus siglas en inglés) superior al 13% puede pasar
por dificultades. Es el segundo punto importante y que puede explicar el
interés de aplicar ajustes para lograr que las instalaciones de La Maruca se
encuentren en el margen de lo que espera la dirección mundial que, a la postre,
es la que aprueba o deniega inversiones, cierra y abre las plantas.
El escenario también presenta elementos positivos para la
planta. Avilés es clave para que Saint-Gobain mantenga su posición en el
mercado de España. La actividad del Centro de Investigación y Desarrollo de
Avilés (AR&DC, por sus siglas en inglés) es una de sus grandes bazas, más
aún cuando en el mercado aparecen nuevos competidores con proyectos de
inversión comparables a los de Avilés y con la ambición de ganar el mayor
mercado posible.
De ahí la necesidad de que la dirección desvele las
características de la inversión. De hecho, el pasado 23 de diciembre, los
representantes de la Corriente Sindical de Izquierdas en la mesa de negociación
reclamaron más datos sobre el tipo de horno y que no se facilitaron. En las
próximas semanas debería enviarse un mensaje claro para desvelar las
incertidumbres.